Melvin Sylvester entró en la historia del fútbol en marzo de 1998 protagonizando una historia nunca antes vista y que con total seguridad no volverá a suceder.
Aquel día fue el encargado de dirigir un partido de fútbol amateur en la barriada londinense de Charlton entre el Southampton Arms y el Hurtsbourne Tarrant British. En la segunda mitad del choque, tras señalar una falta en el medio del campo a Richard Curd, este le empujó recriminándole su decisión.

El trencilla perdió los papeles y ni corto ni perezoso le propinó varios puñetazos en el rostro. Esta injustificable acción tuvo su detonante en aquel empujón del delantero visitante, pero venía precedida por las airadas y continuas protestas de los jugadores a sus decisiones, que terminaron por colmar la paciencia del juez de la contienda.
Al instante recuperó la racionalidad y, para sorpresa de todos decidió mostrarse tarjeta roja a sí mismo. Dejó el silbato en el terreno de juego y se marchó corriendo a los vestuarios. Uno de los pocos aficionados presentes tomó las riendas y se encargó de dirigir el resto del partido.
Sylvester fue sancionado con una multa de 20 libras esterlinas y sin arbitrar durante seis semanas, pero él fue más allá, pues tras aquella agresión decidió colgar el silbato para siempre. Esta es la expulsión más insólita en la historia del fútbol. El día que el juez decidió castigarse a sí mismo. Ver para creer.



