¿Os imagináis a un equipo semiprofesional conquistando un título europeo? El IFK Göteborg lo logró en la década de los 80 y, hasta en dos ocasiones (1981-1982 y 1986-1987).
Además, a día de hoy, continúa siendo el único que ha ganado dos veces la Copa de la UEFA de forma invicta, así como el único club escandinavo con un título continental en sus vitrinas.
Unido a lo anterior en la temporada 1985-1986 alcanzaron las semifinales de la Copa de Europa, quedándose a las puertas de la gran final de Sevilla tras caer en la tanda de penaltis frente al FC Barcelona.

El renacer del IFK Göteborg
Tras décadas de penurias deportivas sin tocar metal en el fútbol sueco llegó a su banquillo un desconocido Sven-Göran Eriksson, que hasta ese momento solo había entrenado en tercera división, pero que iba a cambiar por completo la historia del club.
Implantó un sistema apodado “Swenglish”, que adoptaba el sistema de juego dominante en Inglaterra (4-4-2), añadiéndole una presión asfixiante a los rivales y, un sistema de paredes y combinaciones en corto con balón poco visto en tierras escandinavas, acostumbrados a un fútbol más rudimentario.
Los bomberos, fontaneros, empleados de banca o cocineros que conformaron su once sobre el césped compaginaron su profesión con la pasión por el fútbol alcanzando un hito inimaginable en la actualidad.
Pese a la incertidumbre que supuso la llegada de Eriksson y sus métodos importados de las islas británicas en su primera campaña en Gotemburgo conquistaron por primera vez la Copa de Suecia, después de una década sin lograr ningún trofeo.
Los buenos resultados deportivos permitieron sanear la maltrecha economía del club, permitiendo la contratación de nuevos futbolistas que fueron aportando calidad al equipo, permitiéndoles mejorar sus resultados en el torneo doméstico y acceder a competiciones europeas.

Camino dorado
El 16 de septiembre de 1981 hicieron su debut en la Copa de la UEFA en la vecina Finlandia, donde doblegaron al Haka. Su siguiente víctima fue el Sturm Graz, al que le siguió el Dinamo de Bucarest y, en cuartos de final eliminaron al Valencia, campeón de la Recopa de Europa dos temporadas atrás.
En semifinales se deshicieron del Kaiserslautern y en la gran final se vieron las caras con el gran favorito del torneo. El Hamburgo dirigido por el mítico Ernst Happel, que además contaba entre sus filas con toda una leyenda como Franz Beckenbauer.
Pero el Göteborg no les dio opción alguna, venciendo 1-0 en el Estadio Ullevi y apabullando 0-3 en la vuelta, para enmudecer a un Volksparkstadion que se las prometía muy felices.
Los guerreros amateurs de Eriksson acababan de firmar una de las páginas más sorprendentes y brillantes en la historia del fútbol europeo. Un hito irrepetible.

Este inesperado triunfo despertó el interés de otros grandes clubes y, ese mismo verano el técnico sueco voló rumbo al Benfica. Además, el equipo perdió a cinco de sus futbolistas titulares y es que el éxito siempre es un arma de doble filo para los equipos humildes.
Pese a estos reveses el Göteborg supo reinventarse y 5 años después repitieron gesta europea, de nuevo sin conceder una sola derrota durante el torneo. Aquello fue la semilla de algo muy grande pues durante la siguiente década y media fueron de largo el equipo dominante en Suecia.
Una historia irrepetible que no deja de recordarnos que en el fútbol los milagros son cada día más improbables.



