Fue para dar el pase a Turquía a las semifinales de la Copa del Mundo en el duelo contra otra de las grandes sorpresas de aquel torneo, Senegal.

Corría el minuto 4 de la prórroga cuando el delantero otomano remató un centro desde la banda derecha, mandando el balón al fondo de las mallas.
Así desató la locura de toda la expedición turca que alcanzaba por primera vez en la historia las semifinales del torneo de selecciones más prestigioso y, sin saberlo pasó a la historia como el autor del último gol de oro.



