El sportswashing es una práctica que consiste en la utilización del deporte para darle un lavado de imagen a un régimen político o un país en el que no se respetan los derechos humanos o se cometen todo tipo de atrocidades.
El país en cuestión organiza un gran evento deportivo y, durante un tiempo toda la sociedad parece mirar a otro lado sobre lo que ocurre dentro de sus fronteras.
A lo largo de la historia hay miles de ejemplos de la práctica del sportswashing, pero centrándonos en la Copa del Mundo de fútbol nos aparecen cuatro casos muy destacados.

La gran obra de Mussolini
La Italia bajo el régimen de Benito Mussolini vio en el fútbol el gran escaparate para mostrar las “bondades” del fascismo al mundo entero, sirvió para blanquear su imagen impulsando al equipo de Vittorio Pozzo, con arbitrajes más que dudosos, hacia su primer título, mostrando así la superioridad de Italia ante todo el mundo.
El triunfo para la azzurra era una obligación como se puso de manifiesto en la archiconocida frase pronunciada por el dictador previa al comienzo del torneo: “Vencer o morir”.
Aquel campeonato fue un win-win de manual para el régimen fascista: primer título para los suyos, además de lograr proyectar al mundo una imagen de modernidad y poderío a nivel mundial.

Videla lo volvió a hacer
44 años después la Copa del Mundo se celebró en tierras argentinas en medio de la dictadura militar de Jorge Rafael Videla, que utilizó el campeonato para legitimar su gobierno y como cortina de humo para ocultar las graves violaciones contra los derechos humanos que se perpetraron a escasos metros del Estadio Monumental donde se disputó la final del torneo.
A nivel propagandístico la dictadura hizo una fuerte inversión económica y acuñó como lema una frase completamente surrealista en aquel momento: “Los argentinos somos derechos y humanos”.
Pero la jugada no les salió del todo bien a los militares, ya que, la llegada masiva de periodistas extranjeros para cubrir el evento provocó que la situación que se vivía en Argentina fuese conocida en el resto del mundo.

Además dentro del país se encontraron con el boicot de las Madres de Plaza de Mayo que reivindicaban la búsqueda de sus familiares desaparecidos y encontraron en varios futbolistas un importante apoyo para dimensionar su causa.
Como sucediese en 1934 con Italia, los rivales de la anfitriona sufrieron algún que otro arbitraje sospechoso, siendo especialmente llamativo el encuentro entre la albiceleste y Perú, en el que lograron exactamente el 6-0 que necesitaban para alcanzar la final y, sobre el que se rumoreó que existía un acuerdo en la sombra entre dirigentes argentinos y peruanos.
Sportswashing, más de moda que nunca
Si por lo visto hasta el momento creéis que el sportswashing es cosa del pasado, nada más lejos de la realidad. Esta práctica está a la orden del día, sin ir mças lejos Vladimir Putin utilizó este torneo para limpiar su imagen en 2018 y desviar la atención sobre prácticas más que cuestionables dentro y fuera de sus fronteras.
El caso más reciente relacionado con la Copa del Mundo lo encontramos en Catar 2022, un Mundial del que se sospechó ya desde su dudosa adjudicación y, alrededor del que no cesaron las denuncias sobre la explotación de los trabajadores que construyeron los estadios a marchas forzadas, así como la vulneración de los derechos humanos dentro del Estado catarí.
Pese a todo ello el torneo se llevó a cabo con la connivencia de la FIFA, que siempre pondrá por encima el negocio sin cuestionar la vulneración de derechos civiles o cualquier clase de tropelía que se pueda cometer dentro de las fronteras del país organizador.




