El 25 de junio de 1978 Argentina levantó su primera Copa del Mundo. Fue en su segunda final tras haber caído contra sus vecinos uruguayos en la primera edición 48 años antes.

Aquel día sobre el césped de El Monumental se produjo una de las instantáneas más icónicas en la historia del torneo más prestigioso en el mundo del fútbol, “el abrazo del alma”.

Sumidos en una dictadura militar, aquel mes de fútbol fue una vía de escape de la cruda realidad para muchos argentinos y, la consecución del título otorgó aunque solo fuese por un instante una luz en una de las etapas más oscuras en la historia del país.

El abrazo del alma - Odio Eterno Al Fútbol Moderno

El abrazo del alma (Fuente: www.infobae.com)


En la gran final los chicos dirigidos por Menotti se impusieron 3-1 a Holanda gracias a los tantos de Bertoni y Kempes por partida doble. Poco antes del final del tiempo reglamentario Nanninga había mandado el choque a la prórroga.

Instantes después de la coronación de la albiceleste el fotógrafo Ricardo Osvaldo Alfieri captó con su cámara el momento en el que Fillol y Tarantini se abrazaron arrodillados sobre el césped, al tiempo que Víctor Dell’Aquila, un hincha sin brazos llegaba al encuentro de ambos jugadores. Impactante. Una imagen que pone la piel de gallina. Emoción a raudales.

Ricardo Osvaldo Alfieri, autor de la fotografía “el abrazo del alma” - Odio Eterno Al Fútbol Moderno

Ricardo Osvaldo Alfieri, autor de la fotografía “el abrazo del alma” (Fuente: twitter.com/jlantunez)


Pasión por el balón 

Diez años antes de aquella instantánea, cuando apenas tenía 12, Víctor, al que le encantaba trepar para ver los aviones aterrizar, se subió a una torre de alta tensión en Ezeiza. Se electrocutó y se precipitó desde 15 metros de altura. Le amputaron ambos brazos.

Tuvo que aprender a desenvolverse sin ellos, mientras dedicaba todo el tiempo que podía a su gran pasión, el fútbol. Asistiendo domingo tras domingo a La Bombonera, donde le dejaban acceder a los vestuarios y ver los partidos junto a los banquillos.

Acostumbrado a superar las adversidades desde bien pequeño Víctor saltó al césped de El Monumental el 25 de junio de 1978 alrededor de las 6 de la tarde para protagonizar una de las imágenes más bonitas en la historia del fútbol. El abrazo del alma.

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