La Alegría del Pueblo

En el otoño de 1933, cerca de Río de Janeiro, en el seno de una familia pobre, llegaba al mundo el séptimo hijo de Amaro, un alcohólico vigilante nocturno.

El pequeño Manuel Francisco Dos Santos nació con una deformación en la columna. Era poco agraciado y no destacaba precisamente por su brillantez mental.

Era zambo y caminaba de forma peculiar, con los pies en un ángulo de 80 grados hacia dentro.

Mané Garrincha, el futbolista que enamoró a Brasil

Mané Garrincha, el futbolista que enamoró a Brasil (Fuente: www.pasionfutbol.com)

Desde pequeño fue su hermana mayor, Rose, la que se hizo cargo del pequeño Mané. Ella fue quien le otorgó el apodo que llevaría toda su vida, Garrincha, por su esperpéntica semejanza con un velocísimo y feo pájaro que habita en la región.

Para colmo, a los 6 años enfermó de poliomielitis, que afectó severamente a sus piernas. A pesar de ser intervenido quirúrgicamente el resultado no fue el esperado y su pierna izquierda quedó 6 centímetros más larga que la derecha.

Piernas de Garrincha durante una exploración médica

Piernas de Garrincha durante una exploración médica (Fuente: www.pasionfutbol.com)

¿Y si os digo que ese pobre desgraciado, con ese físico antítesis de lo que tenemos por un atleta, sería considerado el mejor regateador de la historia del fútbol me tomarías por loco verdad?

A pesar de todos esos problemas, siempre destacó por su carácter alegre, tal vez fruto de una despreocupación exagerada por cualquier aspecto de la vida. Simplemente jugaba al fútbol porque le gustaba. Le hacía feliz.

El Ángel de las piernas torcidas

A los 10 años era ya un fumador empedernido que compaginaba su trabajo en una empresa textil con partidillos con el equipo de la fábrica.

Fue allí donde pudo demostrar su gran habilidad. Adaptó su juego a su condición física. Siempre fue bastante rápido y su anómalo tren inferior generaba confusión en los rivales, a los que resultaba todo un reto adivinar su regate.

Mané la pisaba, amagaba o giraba inesperadamente ante la incredulidad de sus marcadores.

Garrincha con la camiseta del Botafogo, el club de su vida

Garrincha con la camiseta del Botafogo, el club de su vida (Fuente: www.eluniverso.com)

Como prueba de su escasa preocupación por nada, cuando tenía 16 años se disputó la famosa final conocida como “Maracanazo”.

Una derrota que provocó un duelo generalizado, incluso suicidios entre la población carioca. Garrincha ni si quiera vio el partido. Prefirió pasar la tarde pescando.

Ni con todas esas “taras” pasó inadvertido para los grandes equipos de su Brasil natal y, en 1951 comenzó a jugar en el Botafogo. Club de su vida en el que jugaría la mayor parte de su carrera, hasta 1966.

 

Cada vez que Garrincha desbordaba rivales pegado a la cal, la parroquia del Botafogo se rompía las manos aplaudiendo. De ahí que le bautizaran como “La Alegría del Pueblo”.

Cuando se acercaba el Mundial de Suecia de 1958 el equipo médico de la «canarinha» decidió evaluar mediante un examen el estado psicofísico de los jugadores.

Un jugador debía alcanzar una nota de 123 puntos para ser considerado apto. Garrincha obtuvo un deficiente resultado de 38 lo que provocó que fuera descartado del equipo alegando que no era apto para la practica de deportes colectivos.

Brasil alcanza la cima

Nilton Santos, lateral del Botafogo y compañero en el combinado nacional, promovió una campaña entre el resto de jugadores para conseguir que el habilidoso extremo fuera seleccionado. Finalmente, la presión de los jugadores no cayó en saco roto y Garrincha no faltó a la cita.

Garrincha junto a su compañero Nilton Santos

Garrincha junto a su compañero Nilton Santos (Fuente: www.marca.com)

En el primer partido frente a la URSS ya quedó claro que no se habían equivocado. Los soviéticos nunca marcaban al hombre, pero pronto se pudo ver una acumulación inusual de jugadores en la banda izquierda, ya que, se veían obligados a socorrer a su compañero desbordado una y otra vez por aquella banda.

Era capaz de hacer cosas con el balón que ningún otro jugador podía hacer. Sin Garrincha, yo nunca me habría convertido en tricampeón del mundo

Brasil ganó aquel Mundial, además endosando un 5-2 en la final a la anfitriona, Suecia. A pesar de no marcar ningún gol fue fundamental para su selección como colaborador del gran Pelé, que siempre le tuvo en estima y le reconoció el mérito que Mané merecía.

Pelé junto a Garrincha con la "verdeamarela"

Pelé junto a Garrincha con la «verdeamarela» (Fuente: as.com)

Para Garrincha nada era tan importante, en la realidad paralela en la que él vivía nada lo era. Fruto de su desconexión con el mundo real, nos dejó una frase para la posteridad.

De esta frase hay dos versiones, algunas fuentes dicen que, en plena celebración a pie de campo dijo cuestionó la importancia del título al ser un campeonato sin segunda vuelta.

Otros en cambio dicen que no fue consciente de que ya eran campeones porque pensó que aun faltaba la vuelta y fue lo que les preguntó a los compañeros:  «¿Cómo que campeones? ¿Y la segunda vuelta?»

Balones a Garrincha

Para el siguiente Mundial, Chile 1962, las expectativas eran altísimas. Pelé ya era considerado el mejor del mundo y la vigente campeona, con un Garrincha tan peculiar como siempre, era toda una estrella consagrada.

Los carioca no esperaban otra cosa que levantar el trofeo. Se las prometían muy felices cuando Pelé cayó lesionado en el segundo encuentro, lo que cambió radicalmente el planteamiento carioca.

Algunos periodistas recuerdan como el seleccionador de la «verdeamarela» repetía una y otra vez, “A Garrincha, dádsela a Garrincha”.

Garrincha driblando a un rival durante el Mundial del Chile 62

Garrincha driblando a un rival durante el Mundial del Chile 62 (Fuente: www.panenka.org)

Brasil volvió a proclamarse campeón, con más mérito si cabe tras la lesión de Pelé. Eso sí, con un Garrincha estratosférico, que hizo de Pelé y acabó el torneo entre los máximos goleadores y nombrado mejor jugador del Mundial.

Garrincha con el trofeo Jules Rimet

Garrincha con el trofeo Jules Rimet (Fuente: www.thesun.co.uk)

Una anécdota más de su estrambótico y despreocupado carácter es cómo se refería siempre a sus contrincantes. A esos que tenían pesadillas cada vez que les encaraba, denominados genérica y sarcásticamente con el nombre de “Joao”.

Para él no eran ningún jugador en particular, eran simplemente un obstáculo más al que rebasar por mera diversión.

"O Rei" Pelé junto a su amigo Mané Garrincha en 1981

«O Rei» Pelé junto a su amigo Mané Garrincha en 1981 (www.jotdown.es)

 

Desorden vital

Si bien su vida futbolística siempre estuvo ligada a la de «O Rei«, nada tuvo que ver con su vida personal. Armando Nogueira diría de ellos: «Pelé era un deportista nato y Garrincha era un artista«.

Eran antagónicos, si uno trabajaba día a día y hacía de su vida un entrenamiento constante, el otro jugaba por diversión. Garrincha diría que él no vivía su vida, que su vida la vivía a él.

Nunca fue amante de los elogios o cumplidos, restando siempre importancia a sus méritos deportivos.

Como buen brasileño siempre fue un gran amante de la fiesta, un verdadero enamorado de la cachaça y la cerveza. Su afición a “chupar” como él decía le generó enormes problemas a lo largo de su vida, hasta acabar siendo su perdición.

Así definía el propio Garrincha su relación con el alcohol: “Es una lucha entre el bien y el mal, pero siempre pierdo yo”.

Mané Garrincha con uno de sus grandes amores, Elza Soares

Mané Garrincha con uno de sus grandes amores, Elza Soares (Fuente: www.cooperativa.cl)

A las dos pasiones ya comentadas, el fútbol y la bebida, hay que sumar su afición por las mujeres. Fruto de ella nacieron sus 14 hijos de varias mujeres diferentes, mención especial a su hijo Ulf, de origen sueco, fruto de una aventura durante el Mundial de Suecia 58. Se le conocen al menos 3 relaciones y más de 40 amantes.

Conoció al amor de su vida Elza Soares, una estrella de la canción brasileña, cuando tenía ya 6 o 7 hijos y aun estaba casado. Tuvieron que casarse en la embajada boliviana, porque el divorció no estaba permitido en Brasil.

Su relación estuvo marcada siempre por las adicciones y los deslices del futbolista, que la sometió a un maltrato continuado.

Triste desenlace

En 1964 aquejado de fuertes dolores en las rodillas decidió operarse del menisco contra la voluntad de su club, que lo consideraba la gallina de los huevos de oro.

La operación le dejó en el dique seco algún tiempo, perjudicando económicamente al club. Nunca volvió a ser el mismo. Llegó a disputar el Mundial de Inglaterra 1966, nunca recuperó su juego.

Selección brasileña durante el Mundial de Inglaterra 1966

Selección brasileña durante el Mundial de Inglaterra 1966 (Fuente: www.larazon.es)

La madre de Elza falleció trágicamente en un accidente de tráfico en el que conducía Garrincha, por lo que se vieron forzados a exiliarse a Italia, pudiendo regresar solo al final de su vida.

La diferencia con Pelé es que yo apenas supe driblar los problemas con los pies

Para su gloria quedan los 61 partidos disputados con su selección de los que sólo perdió uno, frente a Hungría en el Mundial de 1966.

Su existencia llegó a su fin en 1983, por problemas derivados de un alcoholismo crónico. Todo ello sin haber cumplido los 50. A pesar de vivir en la más absoluta miseria fue despedido como lo que fue, un héroe, la alegría del pueblo.

Las calles de Río de Janeiro abarrotadas le dieron el último adiós. Una marea humana acompañó a Garrincha en su último viaje rumbo al Maracaná para ser homenajeado con honores de estado.

En 2017 los restos del ídolo brasileño fueron sacados de su tumba y aun hoy continúan en paradero desconocido.

Tumba de Garrincha

Tumba de Garrincha (Fuente: www.ellitoral.com)