Leones contra cañones

Los que estuvieron aquella desapacible tarde del 25 de noviembre de 1953 en Wembley (alrededor de 110.000 personas) lo catalogaron como el partido del siglo.

Después ha habido otros encuentros con tal nomenclatura, pero este marcó un hito en la historia del balompié. Supuso la primera derrota de los inventores del fútbol en su tierra. Y de qué manera.

Lo que más me ha impactado al visionarlo de nuevo es escuchar a la grada emitiendo un constante “¡Oh!”, y eso que el público era británico y su selección se estaba llevando un baño antológico.

Los espectadores simplemente debían de estar sintiendo amor por el buen fútbol, más allá de colores o nacionalidades.

Hungría fue el primer equipo que venció en suelo inglés

Hungría fue el primer equipo que venció en suelo inglés (Fuente: hyperbole.es)

Era otro estilo de fútbol, primaba la técnica, no el físico. Inglaterra no había perdido jamás en casa y llevaba 25 años dominando el fútbol, desde que el bueno de Herbert Chapman inventó el sistema “WM”.

Inglaterra había caído en el primer Mundial frente a España (con el gol de Zarra) y Estados Unidos, pero mantenía el récord de imbatibilidad en las islas desde que jugaron el primer partido internacional frente a Escocia en 1872.

Una generación que cambió el fútbol

Los Magiares Mágicos cambiaron el fútbol, lo abrieron a la modernidad. Esa tarde neblinosa mostraron la pureza del fútbol con un profundo sentido estético.

Cada jugada húngara tenía la intención de hacer daño en la portería rival, así durante 90 minutos. Nada de especular con la pelota o defender el resultado.

Me diréis que sólo era un amistoso, su actitud era la misma en cada partido, oficial o no, y, de esta forma llegaron a la final de 1954, donde sólo un milagro le dio el título a los alemanes.

Este partido fue el primer vestigio del fútbol total que asombraría al mundo en los 70 de la mano de la selección Oranje de Rinus Michels.

Los húngaros renovaron el mítico Wunderteam de Hugo Meisl, el máximo exponente histórico del fútbol austríaco, que había enamorado a los aficionados 20 años antes.

Hungría maravilló en la década de 1950

Hungría maravilló en la década de 1950 (Fuente: www.elconfidencial.com)

 

90 minutos de Fútbol Total

Gusztav Sebes juntó a un elenco de jugadores magníficos. Una hornada de esas que sólo sale una vez en la vida, para practicar su “fútbol socialista”, en el que todos debían atacar y defender.

Los nombres de los héroes fueron: Grosics, Buzansky, Lantos, Lorant, Zakarias, Bozsik, Budai, Hidegkuti, Czibor, Puskas y Kocsis. La mayoría del Budapes Honvéd, que ganó 5 campeonatos húngaros consecutivos.

En apenas media hora los magiares dominaban el marcador por 4 a 1, con sendos dobletes de Hidegkuti y Puskás. Jackie Sewell había hecho el tanto inglés. Wembley no daba crédito.

Es obligatorio pararse en el primer gol de Puskás. Recibe el balón en el pico del área pequeña. Wright viene como un tren a por él. El “10” pisa el balón para hacer un recorte antológico y pega un zambombazo al primer palo. Maravilloso.

Wright y Puskas se saludan antes del partido

Wright y Puskas se saludan antes del partido (Fuente: revistaidaraya.wordpress.com)

Antes del descanso Mortensen recortó distancias para los locales. Sólo un espejismo. La segunda parte iba a ser otro recital de “El equipo de oro”.

Hidegkuti, era el delantero habitual de los magiares, pero aquel día se convirtió en el primer falso “9” de la historia. Inició el partido en su posición natural pero se fue retrasando para sacar de la cueva a la defensa inglesa.

La versatilidad y la constante movilidad de todos los jugadores magiares volvieron literalmente locos a los jugadores británicos.

Bozsik marcó el quinto. Hidegkuti redondeó su glorioso partido con un hat-trick y Ramsey cerró el marcado para dejarlo en el definitivo 3-6.

La Rosa se marchitó aquella tarde londinense. El fútbol cambió de rumbo y pudo ser aún pero para los locales, ya que, los húngaros tiraron más de treinta veces sobre la meta de Gil Merrick. Un auténtico escándalo.

 

Magiares Mágicos

Los ingleses (que apenas conocían a los húngaros) quedaron heridos en su orgullo. Pidieron la revancha. Se jugó seis meses después en Budapest. El resultado fue de 7 a 1 para los locales.

Perdieron la final del Mundial 1938, la Segunda Guerra Mundial destruyó su país, pero los húngaros supieron recomponerse y forjar una selección de leyenda, los Magiares Mágicos.

Permanecieron 31 partidos invictos entre junio de 1950 y julio de 1954. Un récord que igualó Argentina en 1993 y que sólo han podido superar dos equipos con 35 encuentros sin perder.

Brasil, entre diciembre de 1993 y enero de 1996, y, España de febrero de 2007 a junio de 2009.

Hungría fue oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki

Hungría fue oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki (Fuente: anotandofutbol.blogspot.com)

Las autoridades habían puesto la espada de Damocles sobre la cabeza de Sebes. Una derrota en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 no se toleraría. El entrenador sabedor de lo que tenía entre manos se arriesgó.

Empezaron el campeonato dubitativos, derrotando por 2 a 1 a Rumanía. A partir de ahí desencadenaron todo su potencia. Doblegaron por 3 a 0 a Italia, doble campeona del mundo.

Arrollaron en cuartos a Turquía endosándoles un 7 a 1. Hicieron papilla a los suecos en semis con un 6 a 0 y pasaron por encima de Yugoslavia (2-0), adjudicándose la primera de las 3 medallas de oro en fútbol que tiene el país.

A la siguiente cita de gran calado llegaban con la vitola de favoritos y con su racha de imbatibilidad intacta y así la mantuvieron hasta aquella la tarde del 4 de julio de 1954.

 

Malditos tacos

En el grupo barrieron del campo a sus dos contrincantes. 9 a 0 a Corea del Sur y 8-3 ante Alemania Federal.

En cuartos de final se cruzaron con Brasil en el partido catalogado como “La batalla de Berna”, uno de los partidos más violentos de la historia, se saldó con un 4 a 2 para los magiares, multitud de faltas, tres expulsados y una batalla campal sobre el césped.

Los uruguayos, otra selección doble campeona del mundo, eran el último escollo hasta la final. Ganaron 4 a 2 y estaban ante su gran oportunidad de resarcirse de la final perdida en el 38.

 

Sólo la climatología, el espíritu competitivo alemán y el invento de Adolf Dassler (los tacos intercambiables) pudieron con la calidad técnica de los magiares.

Este partido (del que otro día hablaremos largo y tendido) se conoce como “El milagro de Berna”.

habían aplastado a Alemania en la primera fase y a los 8 minutos vencían por 2 a 0 con tantos de Puskas y Czibor.

Comenzó el diluvio universal, los magiares se relajaron, entre el 10’ y el 18’ Morlock y Rahn igualaron la contienda.

Alemania nunca se da por vencida, además sus tacos se agarraban con mayor firmeza al suelo y Helmut Rahn en las postrimerías del encuentro les dio su primera Copa del Mundo.

 

Era un milagro. La leyenda germana sobre el césped comenzó a forjarse aquella tarde. Incluso tienen expuesto un reloj gigante en la capital suiza que recuerda aquella gesta

Pese a la derrota magiar su fútbol quedó para el recuerdo. Merecieron más. No obstante son el único combinado capaz de marcar 27 goles en una cita mundialista.

El gol de Rahn sirvió para derrotar a Hungría en la final de 1954

El gol de Rahn sirvió para derrotar a Hungría en la final de 1954 (Fuente: www.fifa.com)

 

Reyes sin corona

Tras aquella fatídica tarde en Berna los Magiares Mágicos volvieron a maravillar con su fútbol excelso, encadenando otra racha de 18 partidos ganados, incluyendo la primera victoria de la historia de un equipo en suelo soviético.

De aquella generación que se quedó sin corona,  el jugador más conocido seguramente sea Ferenc Puskas. Con un palmarés envidiable y unas estadísticas al alcance de muy pocos.

Otro día más extensamente de “Cañoncito”, pero para que os hagáis una idea:

Sigue siendo el tercer máximo goleador de todas las selecciones (84), más de cinco décadas después de su retirada.

Por delante de él solo están Ali Daei (109) y Cristiano Ronaldo (85), pero ambos han jugado muchos más partidos.

Puskas fue el gran icono de aquella Hungría

Puskas fue el gran icono de aquella Hungría (Fuente: as.com)

En toda su carrera dividida entre Budapest Honved (1943-1957) y Real Madrid (1958-1966) marcó 621 goles en 628 partidos.

En este tiempo ganó 5 Ligas húngaras, 5 Ligas españolas, una Copa, 3 Copas de Europa y la Copa Intercontinental.

La Revolución Húngara estalló en 1956 y fue el fin de los Magiares Mágicos. El Honved se encontraba en Bilbao para disputar un partido de Copa de Europa cuando empezaron las revueltas.

Los jugadores decidieron no volver a Hungría. Los Czibor, Kocsis o Puskas se repartieron por equipos de la Europa Occidental. Este fue el fin de un equipo legendario.

Los Magiares Mágicos, el equipo de oro o los reyes sin corona son los nombres con los que se conoce a aquel conjunto húngaro.

Una selección que renovó este deporte. Los precursores del fútbol total demostraron que la manera de jugar sí importa y que forja leyendas más allá de los títulos conseguidos.

Hungría, el Equipo de Oro se desintegró en 1956

Hungría, el Equipo de Oro se desintegró en 1956 (Fuente: es.wikipedia.org)