Bebeto le debe tal apodo a su cara de niño.

José Roberto Gama e Oliveira fue un menudo delantero que jugó en años 90, destacando por su punta de velocidad y una gran habilidad para el regate. Muchos atribuyen esa virtud a sus pequeños pies, pues calzaba un 37.

Ofreció su mejor versión durante las temporadas que vistió la camiseta del Deportivo de la Coruña, años en los que también era toda una estrella de la «verdeamarela»

Eran tiempos en los que un equipo como el Dépor podía pelear por grandes jugadores de la talla del brasileño, estrella mundial a todas luces.

Mazinho y Romario festejan el gol de Bebeto a Holanda en una de las celebraciones más icónicas de la historia del fútbol - Odio Eterno Al Fútbol Moderno

Mazinho y Romario festejan el gol de Bebeto a Holanda en una de las celebraciones más icónicas de la historia del fútbol (Fuente: www.theguardian.com)


Cuenta el propio Lendoiro que convenció a la mujer de Bebeto para que fichara por el Deportivo argumentando que A Coruña tenía una playa que nada tenía que envidiar a la de Copacabana.

No cabe duda que olvidó comentar que el clima continental que reina en Galicia deja una media de 150 días de lluvia al año, pero es innegable que su treta surtió efecto.

El mayor hito en la carrera de Bebeto fue el Mundial de Estados Unidos de 1994, donde salió campeón en lo colectivo con grandes actuaciones a nivel individual.

Anotó 3 goles y fue fundamental para su equipo, formando junto a Romario una dupla temible.

El arrullo más famoso de la historia

Este gol de Bebeto a Holanda, más famoso por su celebración que por el propio gol en sí, significó el 2-0 para la «canarinha» en los cuartos de final de aquel Mundial.

Es un ejemplo perfecto de lo que era Bebeto, cambio de ritmo, conducción con el balón pegado al pie y regate para definir con tranquilidad.

Aquel partido que parecía resuelto llegaron a empatarlo los neerlandeses con goles de Bergkamp y Winter. El tanto de Branco en el 81′ dio el pase a Brasil.

Aquella selección brasileña, no jugaba a ser Brasil,  hacía un fútbol pragmático y resolutivo, lejos del «joga bonito» al que tenían acostumbrados al mundo.  Levantaron el título tras derrotar a la Italia de Roberto Baggio.

La «azzurra«, al contrario de lo que manda la tradición, lucía un juego vistoso y dinámico, pero sucumbieron en la primera final decidida en la tanda de penaltis ante el Brasil «menos brasileño».

En cuanto a Bebeto, siempre cargó con «la culpa» por omisión de responsabilidad, al no haber tirado aquel fatídico penalti que Djukic marró y defenestrando las opciones de Liga para los blanquiazules.

Share: