Suele decirse que los de Bilbao nacen donde quieren, pero en su caso lo hizo en el mítico barrio de Begoña en 1947.
Allí debutó en el club del barrio, el Firestone, hasta recalar en las filas del Athletic, el club de su vida.
Su primer mérito como león fue ganar la copa juvenil, lo que le valió para incorporarse al primer equipo em 1965.
Entonces comenzó un viaje por la banda izquierda de San Mamés que se prolongó durante 17 temporadas.
A día de hoy es el segundo jugador con más partidos en el club, 541, solo por detrás de otra leyenda como el «Txopo» Iribar.
Txetxu Rojo o Rojo I, fue un elegantísimo extremo izquierdo, de esos en peligro de extinción, con desborde y buen golpeo de balón.
Prueba de ello es que durante muchos años fue el encargado de efectuar los balones parados de perfil zurdo.
One Club Man rojiblanco
Su longevidad le dio para formar parte de dos delanteras míticas:
Primero con Uriate, Arrieta II y Argoitia y después con Dani Ruiz Bazán y Sarabia.
También pudo disfrutar del Clemente jugador y después sufrir al Clemente entrenador.
Fue internacional por España en 18 ocasiones y algunos partidos amistosos con la selección de Euskadi.
Aunque solo levantó 2 títulos, dos copas del generalísimo, tienen infinidad de subcampeonatos, en ligas, copas y hasta en la UEFA.
Alguno le bautizó como el Mozart del fútbol por la belleza de sus movimientos.
Se dice que la gente de otras ciudades iba a verle a él, ya se como visitante o a San Mames.
De esos jugadores que hacen que merezca la pena pagar una entrada.
Nunca le faltaron novias, pero su corazón era de San Mamés.
En muchas ocasiones le tentaron los grandes, pero siempre primó su amor por los colores y se retiró como «One Club Man»
La persona por encima del mito
Era un hombre de mucho carácter con un pronto brutal que demostraba dentro y fuera del campo.
Su compañero Dani contaba que ya siendo ellos veteranos, los encargados de las trastadas en las concentraciones eran los jóvenes.
En una concentración le soltaron las bisagras de la puerta de la habitación y cuando intentó abrir la puerta se venció y calló hacia dentro con la puerta y el pomo en la mano.
Menuda bronca se llevaron los artífices de la broma, Urtubi y un joven Patxi Salinas no sabían donde meterse.
Mucho se habla de la calidad de Txetxu Rojo como jugador, para muchos su magnitud como persona fue inmensamente mayor.
En 1991 se hizo cargo del Celta de Vigo que vivía una situación complicada en 2ª División.
Salvó al equipo y al año siguiente consiguió ascenderlo como campeón.
Entonces se acordó de un Patxi Salinas en horas bajas, que nadie quería ni ver en Bilbao.
Txetxu apostó por el central de 29 años otrora compañero suyo en San Mamés.
Cuando nadie daba un duro por Patxi el tiempo dio la razón a Txetxu.
Patxi Salinas le devolvió el favor jugando 6 buenas temporadas en Balaídos y llegando a ser capitán del equipo.
En aquel equipo recaló cedido el canterano de Real Madrid Santi Cañizares, por aquel entonces un chaval de 22 años.
A las pocas semanas de aterrizar en Vigo su padre recibió una notificación de desahucio.
La única forma de salvar su casa era saldar la deuda de 3 millones de pesetas.
Cañizares, incapaz con su ficha de hacerse cargo de la deuda, recurrió al club.
Nadie le ayudo, entonces Txetxu le prestó el dinero de su bolsillo y salvo la casa de sus padres.
En cuanto cobró la prima del oro olímpico saldo su deuda, pero el favor nunca lo olvidará.
A pesar de su imagen de serio también tuvo momentos para la comedia.
Como cuando se quedó tirado en el Heathrow durante una escala volviendo de Chicago.
Nunca mejor dicho, porque fue un traicionero apretón lo que le hizo perder el vuelo.
Su fama de sargento de hierro choca con el recuerdo que tienen de él las plantillas que entrenó, como el Zaragoza de los Aguado, Solana y compañía.
Un caballero tan querido como respetado allá por donde fue.
Hasta siempre Txetxu Rojo.