Esto me hizo recordar una de las relaciones más explosivas de la historia del fútbol, la de Maradona y Bilardo.
Esa dupla, Bilardo-Diego le dio todo a Argentina y ellos se dieron todo el uno al otro.
Una relación, cuasi paternal, en la que se amaban tanto como se odiaban.
Tanto es así, que Birlardo no supo de la muerte de Maradona hasta mucho tiempo después.
Mas que un mentor, un padre
Bilardo está a punto de cumplir 85 años(1938) y en 2018 se le diagnosticó una enfermedad neuronal degenerativa llamada Hakim-Adams.
Por ello su entorno decidió no darle la trágica noticia con el fin de protegerle ahorrándole el disgusto.
Incluso llegaron a quitarle la televisión del hospital donde permanecía ingresado, al más puro estilo Good Bye Lenin.
Para quien no la haya visto, es un film donde unos hijos ocultan a su madre, recién salida del coma, que el muro de Berlín ha caído y que la RDA se ha rendido al capitalismo.
En febrero de 2022, 15 meses después, se estrenó una serie sobre su vida deportiva.
Bilardo supo de la muerte de Diego a través de la serie documental de su vida.
Del amor al odio
La verdad es que binomio Diego-Bilardo tuvo sus altibajos durante toda su existencia.
Desde que Bilardo le hiciera capitán de la selección, por encima de Passarella, incluso hasta ligar su futuro el uno al otro.
Como cuando El Pelusa dijo que si largaban a Bilardo el no jugaba.
Pero además de luces hay sombras.
Por ejemplo desde 2010, tras una discusión después del mundial, rompieron la relación hasta 2016, reconciliándose en el 30 aniversario del mundial del México 86.
Porque la historia de Carlos y Diego es una historia de encuentros y desencuentros.
En los peores momentos
Bilardo fue el que hizo posible lo imposible y llevó a Diego hasta Sevilla en 1992.
Y esto llegó justo después de su primera sanción por dopaje, tras su caída a los infiernos.
Bilardo fue su gran valedor y Diego le devolvió el favor dando la cara.
Se puso en forma y sin llegar a ser el que había sido, dio un buen rendimiento.
Después llegaron los desencuentros con el club y Bilardo respondía por él, incluso le consentía y le tapaba.
No entrenaba, no se cuidaba y cometía excesos, pero Bilardo nunca dijo una mala palabra, ni cuando el fútbol se resintió.
Algo se rompió para siempre…
En junio de 1993 el Sevilla se enfrentaba al Burgos y Maradona no había entrenado en toda la semana aquejado de una rodilla, o eso dicen.
En el descanso el Sevilla ganaba 1-0, pero Diego le dijo al Narigón que no podía más, que la rodilla no respondía.
Que si quería que siguiera jugando tenia que infiltrarse.
Bilardo optó por la infiltración y el médico, en palabras de Maradona, le puso 3 inyecciones.
No habían transcurrido 10 minutos de la segunda parte cuando desde el banquillo del Sevilla se pide cambio.
Cuando Maradona vio en el cartelón con el 10 montó en cólera.
Después de la escena que salió en todos los medios Diego destrozó el vestuario y se marchó a casa.
Embriagado de rabia por la traición, Diego pasó la noche llorando sin dormir.
Él había dado la cara por Bilardo, cuando no podía con su alma se había infiltrado para ayudarle, pero Bilardo le había traicionado.
Supuestamente, pocos días antes, el club habría ofrecido a Maradona prescindir de Bilardo y hacerse cargo del equipo como entrenador-jugador.
Maradona habría rehusado como un gesto de lealtad y se lo contó a Bilardo, pero Bilardo nunca creyó esa historia.
Al día siguiente del partido del Burgos, Bilardo se presentó en casa de Maradona.
Diego nada más verlo le recriminó la traición tras su acto de lealtad.
La discusión pasó a mayores y Bilardo empujó a Diego, a lo que este respondió con un puñetazo que le mandó a la lona.
Entonces Claudia y otros testigos pararon la pelea.
Bilardo, entre lágrimas, solo gritaba “pegame otra vez, pegame por favor”
Días más tarde sus mujeres hablaron e interfirieron por ellos.
Maradona fue a ver a Bilardo, que llevaba días sumido en la pena y durmiendo a base de pastillas.
Hablaron y enterraron el hacha de guerra, pero lo cierto es que nunca más volvió a ser igual, algo se rompió para siempre entre ellos.
Diego no volvió a vestir la camiseta del Sevilla, aunque quedaba un partido de liga.
De su aventura en la ciudad hispalense nos nos dejaron más nubes que claros, pero algunas anécdotas inolvidables.
El famoso «pissaaaalo», que tuvo hasta secuelas, el calentamiento más famoso de la historia y pocos minutos de calidad.
Luego llegarían muchos más encuentros y algún que otro desencuentro.