Un tipo con carácter

En plena fiesta del fútbol argentino por la final de la Libertadores, me apetecía rescatar un personaje con algo de allí.

Un entrenador, de esos de los de antes. Un personaje de esos excéntricos, tan políticamente incorrecto que sería impensable en el fútbol de hoy.

No digo que esté de acuerdo con sus actuaciones, digo que era parte de la esencia del fútbol de

antaño, y que no podríamos entender nuestro amado deporte sin tipos como él.

Nuestro amigo nació en Buenos Aires en 1938, de origen humilde, compaginaba sus estudios de medicina con el fútbol y el trabajo en el mercado de abastos en cada periodo vacacional.

Estudios que no abandonó hasta finalizar la carrera de medicina y especializarse en ginecología, incluso ejerció durante algún tiempo, cosa que sería inimaginable en el fútbol actual.

Bilardo entrenó al Sevilla en dos etapas

Fuente: https://www.diariopopular.com.ar

Se formó como jugador en San Lorenzo de Almagro, donde debutó como profesional y hasta consiguió su primer título, aunque con escasa participación en la campaña de 1959.

Sus momentos más ilustres no fueron en San Lorenzo, si no en Estudiantes de la Plata, donde debutó en 1965, y, con los que consiguió un Trofeo apertura, tres Libertadores y hasta una Intercontinental, cuando el fútbol pesaba más que el dinero y cualquier «equipillo de medio pelo» podía alcanzar éxitos internacionales.

Tras su retirada se dedicó a entrenar, concretamente desde 1970. Comenzó en Estudiantes de la Plata, aunque entrenó a un sinfín de equipos en lugares la mar de insólitos, como la selección de Libia.

Destacaremos su etapa como míster del Boca Juniors, banquillo al que llegó de la mano del presidente Macri, actual presidente de Argentina.

Gloria para la albiceleste

Su etapa más notable, y su mayor hito, fue con la selección albiceleste (1983 a 1990).

De marcadísimo carácter, tomó decisiones muy controvertidas, como cuando decidió quitar el brazalete de capitán a Passarella, estrella de la sección y con un peso fundamental en el juego y en el vestuario, para que lo portara un Diego Armando Maradona, que acababa de proclamarse campeón del Calcio con el Nápoles, pero aún muy lejos de ser la estrella que hoy sabemos que sería, y de la que ya hablaremos en otro momento.

Bilardo llevó a Argentina a dos finales del Mundial, ganando la de 1986

Fuente: www.taringa.net

Hay que reconocer que la jugada le salió bien. Aquel combinado argentino se proclamaría campeón del mundo el 29 de junio de 1986, tras una ristra de actuaciones inolvidables del Diego, el gol con la mano “de Dios” o la sucesión de regates (el gol del siglo) contra Inglaterra.

No solo fue ese partido, aunque hay que tener en cuenta la rivalidad entre ambas selecciones por la reciente guerra de las Malvinas, si no el torneo al completo lo que le valió ser el jugador del mundial y el mejor del mundo.

Los del “Narigón” habían hecho historia. En 1990 se convirtieron en finalistas de nuevo, pero no hubo tanta suerte esta vez, su mejor etapa ya había pasado…

De ese mundial cuenta una anécdota muy curiosa. Perdieron con Camerún y Caniggia le trajo a su sastre, que aseguraba tener el secreto del éxito. Le hizo un traje y le dijo que se pusiera todos los partidos y ganaría, pero que en la final tenía que ponerse el esmoquin.

Cuenta el ginecólogo, que antes del partido se probó el esmoquin, pero que le quedaba muy mal y que no se atrevió. El resultado ya lo sabéis, aunque no sabemos si tuvo algo que ver el atuendo.

Písalo, písalo

En España entrenó al Sevilla, en dos etapas distintas. Su primer Sevilla contaba con grandes jugadores como Martagón, Rafa Paz, Simeone, Maradona o el gran Davor Suker. Mención especial al portero suplente de Unzué, un tal Monchi más conocido por sus descubrimientos que por sus paradas.

Once inicial del Sevilla entrenado por Bilardo

Fuente: http://www.sevillismoenvena.com

Excéntrico hasta la saciedad, se dice que tenía la costumbre de despertar a los jugadores en mitad de la noche y les preguntaba a quien tenían que marcar, como era tal jugada o cosas así. Decía que para mantener la tensión.

También que le gustaba hacerles volver al entrenamiento después de ducharse alegando que había olvidado ensayar una jugada a balón parado o cosas así. Para matarle.

El video es de su etapa como entrenador del Sevilla, concretamente en un Deportivo-Sevilla del 6 de febrero de 1993. Por cierto, le condenaron a pagar 10.000 dólares por la broma, aunque finalmente se libro de pagar. Años después lo intentó en política, aunque sin mucho éxito.