Ascendieron a la Bundesliga por primera vez en su historia en la temporada 1974-1975 y, en ella permanecieron durante catorce años.
Una década después alzaron el primer y hasta la fecha único título que tienen en sus vitrinas, la Copa de Alemania (1984-1985) derrotando 2-1 en la final al todopoderoso Bayern de Múnich en el Olympiastadion.
Esta gesta les dio la oportunidad de jugar por primera vez competiciones europeas y no lo hicieron nada mal, alcanzando las semifinales de la Recopa de Europa y siendo protagonistas de la mayor remontada de la historia.
Durante la siguiente temporada vivieron su última aventura europea, esta vez en la Copa de la UEFA, cayendo en octavos de final ante el FC Barcelona.
Hoy nos centramos en esa primera participación en la Recopa del equipo afincado en Krefeld, la “ciudad de la seda”.
Sin miedo a pagar la novatada
En primera ronda se deshicieron del Zurrieq FC maltés por un global de 12-0 e hicieron lo propio en octavos de final eliminando al Galatasaray, ganaron 2-0 en Alemania y empataron sin goles en Turquía.
Así se plantó el Bayer Uerdingen en cuartos de final ante otro conjunto alemán muy de moda en la época, el Dinamo Dresde, en el que empezaba a despuntar un jovencísimo Matthias Sammer, ganador del Balón de Oro una década después.
El equipo de Dresde había accedido al torneo continental tras ganar su segunda Copa de la RDA consecutiva en 1985. Llegaron hasta los cuartos de la Recopa eliminando con muchas dificultades al Cercle Brugge KSV y de manera más holgada al HJK Helsinki.
Del duelo fratricida saldría uno de los semifinalistas y, el panorama parecía aclararse mucho para el Dinamo Dresde tras el 2-0 cosechado en el Dynamo-Stadion.
El 19 de marzo de 1986 los jugadores del Bayer Uerdingen saltaron al césped del Grotenburg-Stadion con fe ciega en la remontada, pero nada más comenzar sufrieron un duro revés con el gol de Ralf Minge para los visitantes.
En el 13’ Wolfgang Funkel puso la igualdad en el marcador, pero aún les quedaba mucho que remar. Antes del descanso el Dinamo Dresde ampliaba su ventaja marcando otros dos goles, obra de Frank Lippmann (35’) y del centrocampista Rudi Bommer en propia puerta (42′)
El milagro de Grotenburg
La machada se antojaba imposible para el Bayer Uerdingen. Quedaban 45 minutos y tenían una desventaja de 1-5 en la eliminatoria. Parte de la hinchada local se marchó del estadio al considerar inalcanzable tal la gesta.
Se equivocaban. Se perdieron una noche mágica, con su equipo protagonizando la mayor remontada de la historia del fútbol.
Durante el descanso el técnico les dijo a sus jugadores que únicamente podían evitar un ridículo mayor. Estas palabras espolearon a los futbolistas del Bayer Uerdingen.
Pese a los constantes intentos no conseguían agujerear la meta de Jens Ramme, que sustituyó por lesión a Jakubowski en la segunda parte. El joven portero no volvió a jugar al máximo nivel. Aquella goleada marcó el resto de su carrera.
No fue hasta el 57’ y, de penalti, cuando Funkel consiguió el segundo tanto para su equipo. Comenzaba media de locura.
Al igual que décadas atrás el toque de corneta en el Stadio Filadelfia precedía al aluvión de goles del Grande Torino, los pocos espectadores que aguantaban en la fría noche de Krefeld asistieron extasiados a la voracidad goleadora de su equipo.
Entre el minuto 57 y el 87 el Bayern Uerdingen logró 6 goles para darle la vuelta a una eliminatoria en la que nadie daba un duro por ellos.
De nuevo Funkel, Schäfer por partida doble, Gudmundsson y Klinger anotaron los goles para el 7-3 definitivo en la mayor remontada de la historia del fútbol.
Tras aquella aciaga noche para el Dinamo Dresde, su goleador Frank Lippmann escapó del hotel del equipo para no regresar a Alemania Oriental. Acto que le supuso un año de sanción.
¿Gesta o sabotaje?
Como sucedió años más tarde en el duelo de octavos de final del Mundial de 1990 entre Brasil y Argentina con el famoso “bidón de Branco”, hay una sospecha de sabotaje sobre este encuentro.
El masajista del Dinamo Dresde ofreció un bote del que bebieron varios jugadores de su equipo, que posteriormente aseguraron sentirse mareados y sufrir fuertes jaquecas.
¿Excusa para justificar el tremendo descalabro de la segunda parte? ¿Realmente intentaron sabotearles? En esta ecuación entra un tercer equipo que (en teoría) no se jugaba nada en aquel partido, el Dinamo de Berlín.
Desde su fundación en 1966 y hasta la reunificación alemana, este club estuvo ligado a Erich Mielke, el omnipotente jefe de la Stasi, la policía secreta de la RDA.
Ya había desmontado el Dinamo Dresde cuando estaba en la cúspide a mediados de los 50, condenándolo al descenso al reclutar casi todos sus jugadores para el equipo de la capital.
Mielke no podía permitir de ninguna manera que su amado Dinamo de Berlín fuese de nuevo un “segundón”, aunque esto significase favorecer al enemigo capitalista.
Todo forma parte de una teoría para tratar de darle explicación a una remontada increíble. No hay pruebas fehacientes del sabotaje, más allá de las declaraciones de los propios futbolistas.
Cabe destacar que la Stasi “introducía” espías en los partidos europeos del Dinamo Dresde para evitar fugas o que los jugadores pidiesen asilo político. Como habéis podido comprobar con Frank Lippmann les falló el radar.
Sea como fuere el Bayern Uerdingen protagonizó la mayor remontada de la historia. Eso sí, en la siguiente ronda hincó la rodilla ante el Atlético de Madrid, en un día histórico para el fútbol español que colocó un equipo en las tres finales de los torneos continentales.