En el fútbol de antaño existía la curiosa costumbre de aglutinar varios jugadores de una misma nacionalidad, dando lugar a los denominados clanes.
En ocasiones incluso eran fichados de una sola tacada. Ahora se da más lo de un representante que con uno bueno coloca un par de paquetes al mismo equipo, casi a modo de mordida.
Hubo múltiples clanes, pero recordamos especialmente por su trascendencia al Milan de los holandeses, el Inter de los alemanes, el denominado “Cartel” de Pucela, el Zaragoza de los paraguayos y el que hoy nos ocupa, el Racing de los rusos.
En algunos casos una buena actuación con su selección en la fase final de un gran torneo servía como reclamo. Otras, tras fichar a un futbolista que salía bueno, volvían a probar en el mismo mercado. Como todo en la vida, el fútbol también se mueve por modas.
Explorando nuevos mercados
A finales de los 80 y principios de los 90 los jugadores soviéticos tuvieron una gran acogida en el fútbol occidental. Hasta ese momento había sido un mercado de muy difícil acceso para equipos fuera de la Unión Soviética.
Con el aperturismo en los últimos años de la URSS y tras su disolución en 1991, un nada desdeñable número de jugadores dieron el salto al fútbol europeo.
También influyeron éxitos como la Recopa conquistada en 1986 por el Dinamo de Kiev, el Balón de Oro para su estrella Belánov o la gran actuación del Spartak de Moscú en la Copa de Europa 1990-1991.
Aquel Spartak llegó hasta semifinales y se llevó por delante al Real Madrid, venciendo en el Santiago Bernabéu.
De aquel equipo salieron muchos y muy buenos jugadores (otros no tanto) con destino a España: Mostovoi, Valeri Karpin, Dmitri Popov, Beschastnykh, Andrey Mokh, Gennadiy Perepadenko y Dmitri Radchenko. Lo ruso estaba de moda, sobre todo en El Sardinero.
Cracks que llegaron del frío
Mediada la temporada 1992-1993 aterrizó en Santander Andréi Zygmantovich, dando comienzo a un verdadero idilio entre Rusia y Cantabria.
Más de uno se habrá dado cuenta que esto tiene algo de trampa, porque Zygmantovich no es ruso, pero es inevitable no incluirle en aquella saga. Es bielorruso, pero fue internacional por la URSS hasta la independencia de su país
Llegó procedente del Dinamo Minsk, aunque tras un breve paso por el FC Groningen holandés.
El «Tractor Bielorruso», es uno de los últimos líberos de la Liga Española. No llegó con vitola de estrella y nunca lo fue, pero a día de hoy sigue siendo enormemente querido por la parroquia de El Sardinero.
Técnicamente correcto, aportaba al equipo solvencia defensiva y buena salida de balón. Lento, duro y fiable, como un tractor.
Es sus tres temporadas y media solo anotó un gol, no se prodigaba mucho de cara a puerta, evidentemente no llegó al Racing para eso.
En su primera campaña no tuvo un especial protagonismo, pero tras conseguir el ascenso fue habitual ver su inolvidable bigote cada domingo en la zaga cántabra.
La temporada siguiente, con la intención de consagrarse en Primera los cántabros acudieron de nuevo al mercado que tan buen resultado les había dado.
Sorprendentemente, dos jugadores de aquel glorioso Spartak de Moscú, Dmitri Popov y Dmitri Radchenko, recalaron en un recién ascendido. Había nacido el Racing de los rusos.
Popov, un centrocampista con un guante en su zurda, mientras que Radchenko era un desgarbado delantero con gran cambio de ritmo y olfato goleador.
Esa misma temporada los cántabros rozaron las plazas europeas gracias entre otras cosas al rendimiento brutal de su “clan ruso”.
Con Ceballos bajo palos, custodiado por el «Tractor Bielorruso», Pablo Alfaro y Merino, no es de extrañar que fueran uno de los equipos menos goleados de la competición. Arriba Popov y Radchenko, con la inconmensurable aportación de Quique Setién, ponían el resto.
Aquel equipo fue artífice de una de las noches más mágicas en El Sardinero, un 5-0 al Barcelona de Cruyff que nunca olvidarán.
Segundas partes nunca fueron buenas
El verano de 1995 Faizulin sustituyó a su compatriota Radchenko, que fichó por el Deportivo, pero el recambio fue infinitamente peor.
Un año más tarde Popov y Zygmantovich dejaron el Racing de Santander, poniendo fin a esa gran primera camada de “rusos” en El Sardinero.
En busca de resultados similares, la directiva del conjunto cántabro siguió pescando en el caladero ruso tratando de encontrar ingredientes similares para preparar la misma receta. Así pasaron por Santander con más pena que gloria los Beschastnykh, Shustikov o Ulianov.
El primero de ellos fue el que mejor rendimiento dio, pero no se acercó ni por asomo al de sus antecesores. Con su salida en 2001, casi una década después, se dio por finiquitado el Racing de los rusos.